miércoles, 14 de junio de 2017

Malcolm Arnold - Concierto para Trompeta Opus 125 (1982)


Dedico este post a una breve pieza en tres movimientos del músico británico Malcolm Arnold. Su protagonista: la trompeta. Este pequeño instrumento, que expresa como ningún otro la grandeza y la fragilidad  de la condición humana ( y también su lado más sensual), en esos tres movimientos encuentra el terreno fértil que le permite desarrollar una vasta gama de tonalidades y matices.  
Malcolm Arnold es uno de mis músicos contemporáneos favoritos, por su originalidad a la hora de componer, su eclecticismo, y su espiritu abierto a la modernidad







Artista: Malcolm Arnold
Álbum: Concierto para Trompeta Opus 125
Año: 1982
Género: música clásica
Duración: 8:12
Nacionalidad: inglesa



Lista de Temas:
01. Fanfarria

02. Andante
03. Finale


Alineación:
Janet Hilton (clarinete)
Gordon Hunt (oboe)
Richard Adeney (flauta)
Alan Civil (Cuerno Francés)
John Wallace (trompeta)
Bournemouth Sinfonietta dirigida por Norman Del Mar










Quien conoce mi blog sabrá ya que tengo cierta debilidad por la trompeta. Y en efecto, a pesar de la inmensa variedad de sonidos electrónicos, digitales, etc. que actualmente han venido a engrosar la paleta timbrica que los músicos tienen a su disposición para realizar sus creaciones, el sonido de la trompeta me sigue pareciendo insustituible por su carga de dramatismo y por la intensidad emocional que es capaz de liberar.

Hoy les invito a escuchar un breve concierto para trompeta y orquesta del inglés Malcolm Arnold. Este concierto lo oí por primera vez  en casa de un amigo músico hace muchos años. Mi amigo me lo grabó en una cinta cassette, que poco después extravié. Recientemente lo volví  a encontrar enhhbbb   youtube: durante todos estos años, hubo partes de él que habían seguído impresas en mi mente.

 La obra consta de tres movimientos: Fanfarria, Andante y Finale.

El primer movimiento, la Fanfarria sugiere poder y opulencia, y toda su estructura es vertebrada por  un sentimiento de grandeza.  
En contraste con aquel, el segundo movimiento, Andante, circunspecto y misterioso, expresa incertidumbre e indeterminación.
En el tercer y último movimiento, llamado Finale, la pieza cobra, en algunos momentos,  el brío y la vitalidad de una tarantella. Concluye de manera muy alegre y festiva.
En estos tres movimientos, a la trompeta - el instrumento más querido por Arnold, -  se le brindan muchas oportunidades de explorar  sus propios recursos, y de sacar a luz su naturaleza más profunda. 

La interpretación que pueden oír en el video de arriba corre a cargo de Norman Del Mar, dirigiendo a la orquesta Bournemouth Sinfonietta. A la trompeta: John Wallace.







Malcolm Arnold nació en 1921 en la ciudad inglesa de Northampton, que gozaba de un gran  renombre por su floreciente industria del calzado. El padre de Malcolm ocupó un puesto de responsabilidad en ese ramo, por lo que gozaba de un elevado poder adquisitivo. Su madre era una gran amante de la música, y supo detectar el talento musical de su hijo desde que era muy niño.  Desde entonces le animó a tomar clases de violín.










Malcolm escuchó por primera vez la banda de Louis Armstrong en un hotel de Brighton. Compró todos sus discos y se convirtió en un incondicional. De ahí le vienen un amor al blues que se puede sentir en su propia obra musical, la creencia de que las demarcaciones rígidas entre los diferentes estilos de música carecen de sentido, un deseo de infundir  algo del espiritu libre y vivaz del jazz en la música clásica, y una gran pasión por la trompeta. 
De hecho, la trompeta se convirtió en su instrumento. Pronto fue tan buen trompetista, que a la edad de 16 años obtuvo una beca para cursar  sus estudios en el Royal College of Music de Londres. 

En breve, siendo aún muy joven, ingresó en la Orquesta Filarmónica de Londres.

Arnold era tan excepcional a la trompeta que las orquestas se lo disputaban para darle trabajo incluso antes de que hubiera terminado sus estudios con el gran maestro Ernest Hall. Mientras tanto, seguía flirteando con el jazz; incluso, en una ocasión se llegó a escapar del Royal College para irse a tocar con una banda de baile a Plymouth.

Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, Arnold sufrió un terrible conflicto interno: ¿Alistarse  o convertirse en objetor de conciencia? Finalmente, terminaría tocando la corneta en una banda militar. Se sentía tan inútil en ese papel que acabó autolesionandose  al dispararse en el pie,  con el fin de ser dado de baja para eludir la vida militar. Esto nos da una ligera idea de lo turbulento que era su carácter, bajo una apariencia alegre y dicharachera.

Concluída la gran guerra, nos encontramos de nuevo a Malcolm y a su trompeta en la Filarmónica de Londres. Pero esta vez más decidido que nunca a componer.

Su punto más fuerte se evidenció de inmediato: la melodía. Arnold era un melodista profundamente original, y eso se puede percibir desde sus primeras composiciones. Permaneció fiel a la música tonal y melódica, mientras que la atonalidad, el serialismo y otras corrientes vanguardistas se abrían paso en el mundo de la música culta.






La producción musical  de Arnold fue muy fecunda. Tiene en su haber nueve sinfonías, varias bandas sonoras, entre las que figura la de la película "El puente sobre el río Kwai", por la que Arnold obtendría un Óscar a la mejor banda sonora en 1957 y que compuso en tan sólo diez días.
Finalmente ha compuesto un sin número de obras orquestales, obras de cámara, y obras para agrupación con solista, como la que nos ocupa hoy, El Concierto para Trompeta Opus 125.

Su perfil psicológico era muy complejo: un hombre instalado en una actitud bromista y chistosa, que sin embargo cargaba con un carácter depresivo, aquejado por una creciente esquizofrenia, y postrado por la adicción al alcohol. Como consecuencia de todo esto, pasó por el calvario de varios divorcios, ingresos en centros psiquiatricos e intentos de suicidio. Cómo nota curiosa, Arnold rechazó componer la música de Lawrence de Arabia, y más tarde la de 2001: Una odisea del espacio, de Stanley Kubrick. De ambas decisiones se arrepentiría más adelante.



                                               el Canario




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