jueves, 24 de agosto de 2017

El Despertar de la Conciencia









No esperaba ver al gracioso de Jim Carrey en semejante tesitura... aunque pensandolo bien, en algunas de sus películas he captado cierta inquietud trascendente.
Vamos a hablar de la conciencia dormida, y de la conciencia despierta... es esta última un mito, una leyenda? Simplemente un invento de la mente cansada de sufrir?
O, por lo contrario es un hecho, que podemos vivir en nuestro día a día?
Cada uno debe encontrar la respuesta por si mismo, pero siempre es interesante saber lo que han dicho otros sobre el asunto.






                                       El Despertar


Según enseñan varias corrientes de misticismo, algunas de caracter muy tradicional, y otras de una flamante modernidad, los seres humanos vivimos en un estado de letargo psicológico. 


Nuestro cuerpo es capaz de realizar azañas increíbles, nuestro corazón puede albergar  sentimientos intensisimos, nuestro cerebro concebir ideas sublimes.



Buda acostado, despertando



Pero la conciencia, a ciertos niveles, está dormida. 
Le falta ese estado de quietud vigilante que es considerado cómo la joya más preciada por muchas disciplinas espirituales, que van desde el zen hasta los padres del desierto de los comienzos del cristianismo. Un estar aquí y ahora, presente, con el corazón, con aquella inteligencia que reside más allá de las palabras. 


Al no vivir en ese estado de "presencia consciente", el cerebro pone en marcha enseguida su "piloto automático": el pensamiento. Es el pensamiento, entonces, el que toma  las riendas de la vida. Y es el pensamiento, -a falta de otra cosa-, el que configura la conciencia, creando en ella el yo y los otros... una terrible distorsión de la realidad, que nos la hace percibir como un conjunto de fragmentos separados, y siempre (de un modo u otro), en conflicto entre si, pues la fragmentación forma parte de la naturaleza misma del pensamiento. 


La conciencia dormida jamás podrá percibir el mundo sin esas fronteras psicológicas que están muy arraigadas en nuestro mundo emocional, en el que las sentimos como algo tremendamente real. A lo sumo, apenas podrá intuir lo ilusorio de esas fronteras. Y eso implica que, mientras esté dormida, no será capaz de amar.

Según tales enseñanzas, existe para el ser humano la posibilidad de despertar, y una mente totalmente despierta, sería una mente iluminada. Esa iluminación es, quizás,  el equivalente del estado de bienaventuranza o de gracia  del que hablan los santos cristianos.





El budismo utiliza la palabra buda, no sólo como apelativo de Gautama Siddharta Shakyamuni (el buda histórico), sino también cómo título que designa a todo aquel que ha despertado.
De acuerdo a esa visión de las cosas, existieron, existen, y existirán multitud de budas anónimos, aparte de los más conocidos ( Gautama, Jesús, etc.)







Los santos Youtubers



Últimamente me he estado sumergiendo a menudo en los submundos de youtube para ver qué clase de fauna se mueve por ahí. Para el que no lo haya intentado, la experiencia es impresionante.

En medio de todo aquello, que muchas veces parece más bien un circo, descubrí una reciente tendencia (me resultaría muy tentador llamarla moda, pero no caeré en la tentación de formarme preconceptos): la del despertar de la conciencia. 

De un tiempo a esta parte algunos se han dedicado a difundir por youtube, facebook y otros medios, la creencia de que a partir de 2017 muchas personas despertarían, y que se darían iluminaciones en masa. 
Además se publicaron multitud de videos testimoniales, en los que varias personas (la mayoría jovenes) cuentan cómo vivieron en primera persona ese despertar espiritual.

Muchos/as de ellos me dieron la clara impresión de ser unos/as farsantes desde el mismo momento en que empezaron a hablar. Algunos, en particular, tenían todo el aspecto de querer captar audiencia para ganar dinero con youtube. Y finalmente,  otros más, me parecieron seriamente trastornados.

Pero, aparte de la Jim Carrey ( que supuso para mi una gran sorpresa), encontré muy interesante la experiencia de la chica del video de abajo, cuyo relato tiene para mi cierta apariencia de autenticidad, y concuerda con los testimonios de muchos místicos de varias épocas y tradiciones.








Destaca, para mi, dentro de su relato, esa experiencia de "punto de no retorno", en la que la mente ve derrumbarse todas sus certezas, y aprende, como quien dice, a "nadar sin salvavidas" (es decir, sin el sentimiento de seguridad y de certeza que generan las palabras). También ve derrumbarse ideales, metas, etc.

Es un momento difícil en la vida de una persona, que me recuerda lo que los alquimistas llamaban putrefacción (nigredo), una fase inicial de la  Gran Obra en la que la materia prima debe literalmente descomponerse,  y morir, para poder en un segundo momento renacer, como el Fénix.

En muchos relatos del zen Rinzai he encontrado situaciones semejantes: el adepto nos cuenta que llega cierto momento en su proceso, en el que se halla ante una especie de callejón sin salida, un muro; y que improvisamente, su conciencia da un vuelco, invirtiendo el sentido de su actividad vital: si antes era el de acumular, ahora es el de soltar.

Lo realmente interesante es que muchos concuerdan en que este vuelco, esta especie de giro de 180 grados,  conllevaría una mutación, un cambio inmediato (no gradual en absoluto) de la conciencia, en la que deja de regir el yo, derretido por la luz que genera la mente despierta (cómo dice Rubén Blades: "recuerda que el plástico se derrite si le da de lleno el sol").


Qué hay de cierto en todo esto? Por qué existen tantas concordancias entre los relatos de personajes de distintas épocas y culturas, acerca de la experiencia mística del despertar?
No lo se. Pero creo que sería demasiado fácil concluir por eso que la iluminación es una realidad.

En determinadas circunstancias, la probabilidad de que se llegue a vivir experiencias idénticas, y la de llegar a conclusiones parecidas es considerable: sin que eso signifique que la experiencia sea algo autentico, y la conclusión sea  la correcta.


Lo que si parece es que, viendo metafóricamente la conciencia como un rascacielos, a partir de cierto piso para arriba, este gigantesco edificio tiene todas sus luces apagadas. 


el Canario


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