domingo, 7 de mayo de 2017

Amancio Prada - Cántico Espiritual (1977)


El amor en todas sus formas de expresion, incluida la sexual, ha servido a los místicos para representar su anhelo de fusión con dios. ¿Y qué mejor imágen para eso, que la de perderse a uno mismo en la unión  con el ser  a quien se ama profundamente? 
Amancio Prada, cantautor leonés que ha puesto música a muchos clásicos de la literatura española, nos introduce en el mundo de la poesía mística de la edad media con este Cántico Espiritual, obra de San Juan de la Cruz. Detrás de las melodías, y de cada palabra, se siente el latido de un corazón que busca sin descanso.







Artista: Amancio Prada
Álbum: Cántico Espiritual
Año: 1977
Género: canción de autor
Duración: 30:13
Nacionalidad: española



Lista de Temas:
01. ¿Adónde Te Escondiste?
02. Oh Bosques y Espesuras!
03. Mil Gracias Derramando
04. Ay, Quién Podrá Sanarme!
05. Vuélvete, Paloma
06. Entrando Se Ha la Esposa
07. Oh, Ninfas de Judea!
08. La Blanca Palomica
09. Gocémonos, Amado



Alineación:
  • Guitarra, Voz, Composición / Amancio Prada
  • Textos  / San Juan De La Cruz
  • Violín / Jesús Corvino
  • Violone / Eduardo Gatinoni











 La ausencia del ser amado, la incansable busca de éste por montes y por valles, entre malezas y despeñaderos, con toda clase de alimañas que acechan por los caminos...
Esto que en un principio parecería una común historia de amor (salvo por el entorno en el que se desarrolla, que es absolutamente agreste), en la que la amada extraña a morir a su amado ausente, luego de escuchar con atención sus primeros versos se nos revela como una obra de hondo calado, en la que se relata la búsqueda del alma, acuciada por una insaciable sed de trascendencia: " Mira que la dolencia de amor que  no se cura si no con la presencia y la figura".

Su búsqueda es la de algo que va más allá de las palabras, algo que no se alcanza a expresar con ningún lenguaje: "Y todos cuantos vagan, de ti me van mil gracias refiriendo, y todos más me llagan, y déjame muriendo, un no se qué que quedan balbuciendo"

Es una búsqueda que nace y culmina en el corazón, y en la que  el conocimiento y la experiencia tienen un papel muy secundario, si no nulo.







En esta alegoría de la búsqueda espiritual, el buscador presenta  atributos femeninos, y lo "buscado" (llamemosle "la divinidad"), masculinos.  Más adelante veremos que no siempre es así, y que en otras culturas se invierten los roles.


Hay que decir que la obra posee un marcado carácter erótico, tal es así que José L. Aranguren escribió que "a través del sexo y de la comunión sexual, vivida en toda su hondura, hay una búsqueda, un afán de lo Absoluto, de trascendencia del finito yo y, en sentido amplio, de religiosidad mística". 
Es el mismo erotismo del que está impregnado el Cantar de los Cantares, de Salomón, y de hecho, el Cántico Espiritual está claramente inspirado en él.


3:1 En mi lecho, durante la noche, busqué al amado de mi alma.
¡Lo busqué y no lo encontré!
3:2 Me levantaré y recorreré la ciudad;
por las calles y las plazas,
buscaré al amado de mi alma.
¡Lo busqué y no lo encontré!
3:3 Me encontraron los centinelas
que hacen la ronda por la ciudad:
"¿Han visto al amado de mi alma?"
3:4 Apenas los había pasado,
encontré al amado de mi alma.
Lo agarré, y no lo soltaré
hasta que lo haya hecho entrar
en la casa de mi madre,
en la habitación de la que me engendró. 



Aquí tenemos un final feliz, mientras que el Cántico Espiritual se centra unicamente en la búsqueda y en el anhelo profundo del alma de consumar ese matrimonio espiritual que la llevaría a su plenitud.









En otras formas de espiritualidad, esta imagen de la amada en busca del amado también es muy recurrente. Un ejemplo son Radha y Krishna.

Según el hinduismo, Krishna es una encarnación del dios Vishnú, el ser supremo, y Radha una hermosa pastora de vacas que está locamente enamorada de el. Ese amor la lleva a tal desvelo que sale en plena noche  en busca de Krishna y al final lo encuentra en un bosque de bananos llamado Vrindavan. A ese encuentro se sucederán muchos otros, siempre en ese jardín, siempre en plena noche, y en secreto. Los dos amantes danzan y se aman hasta el amanecer. 




                                    Radha y Krishna 





La íntima relación entre Shiva y Shakti (aspectos masculino y femenino de la divinidad) sería otra forma de expresar esta unión con dios. Pero tanto en el caso de Krishna y Radha como en este, la divinidad es a la vez el buscador y lo buscado, sólo que el primero no lo sabe, y trata de encontrar desesperadamente el amor fuera de si mismo. El despertar espiritual consistiría en darse cuenta de esa no dualidad.









Dos personajes de la literatura espiritual sufí (el sufismo es una variante pacifista y profundamente mística del islam), también son amantes apasionados.  

Layla es el ser amado, sensual e irresistible, Majnun el amante, y su historia es la del buscador consumido por su anhelo, quemado por amor.
Pero en este caso, Layla es mujer, y Manjun, el buscador, es un hombre.




                                Layla y Manjun



Y de nuevo encontramos un argumento de similares características: Manjun es el alma, y Layla la divinidad, atractiva y misteriosa, que enamora  perdidamente a Manjun.
"Layla podía hechizar con una sola mirada desde detrás de su pelo oscuro, Manjun era su esclavo y danzó un baile derviche ante ella. Layla tenía en la mano el vaso de vino perfumado con almizcle. Manjun no había tocado el vino, sin embargo, él estaba borracho con su dulce aroma"  Fuente: Nizami






De nuevo la locura amorosa cargada de erotismo, en la que el alma, embriagada de amor, corre feliz en busca de su ser amado (en este caso amada) sorteando innumerables peligros.

Regresamos a la India, esta vez  para visitar los templos de Khajuraho, que para muchos con toda seguridad estarán al nivel de una simple película pornográfica, mientras que para mi son una expresión más del deseo de unión con lo supremo... y que mejor imagen que el acto sexual para representar eso? Y si no, recuerden que Salomón y San Juan de la Cruz también se sirvieron de esa imagen con los mismos fines.






Según Katia Cócera, en su libro San Juan de la Cruz y el yoga  todas las historias de amores imposibles son variantes del mismo estereotipo: Tristán e Isolda, los amantes de Teruel, Romeo y Julieta, etc. de forma consciente o inconsciente quieren transmitir el  deseo de ese estado de unión con lo divino.


Shiva y Shakti




el Canario






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