martes, 2 de mayo de 2017

Isaac Albéniz - Iberia. Navarra. Suite Española (1987)

Hoy me he traído tres obras clave de Isaac Albéniz, compositor romántico catalán. La intepretación corre a cargo de una de las más grandes pianistas españolas de todos los tiempos: Alicia de Larrocha. Todo un lujo. Compositores como Albéniz son los precursores de mucha música que se ha hecho posteriormente, no sólo clásica, sino también jazz, e incluso rock. Un ejemplo lo tenemos en la onda Layetana, en la que bandas como Música Urbana, o pianistas como Jordi Sabatés trabajaron en la misma línea. 
Escuchemos a Albéniz interpretado por la pianista española con mayor proyección internacional.



Artista: Albéniz
Álbum: Iberia. Navarra. Suite Española
Año: 1987
Género: clásica
Duración: 2:05:23
Nacionalidad: española


Lista de Temas:
1. Suite Iberia
2. Navarra

3. Suite Española

Intérprete:
Alicia de Larrocha / piano













Pienso que una de las obras que pudieron ejercer una importante influencia en la creación de My Spanish Heart y de muchas otras composiciones de Chick Corea, sea posiblemente la Suite Española de  Isaac Albéniz (1860-1909), aunque por otra parte My Spanish Heart tenga un fuerte carácter chicano que lo diferencia de aquella, española de pura cepa, y en la que tiene predominio lo andaluz.   

Tanto Iberia, como Navarra y la Suite Española Op. 47, fueron compuestas para piano. Sin embargo existen muchísimas adaptaciones, tanto para guitarra como orquestales (algunas muy bellas).He dudado bastante hasta decidir cual exponer aquí. Pensé, por ejemplo en la versión a guitarra de Andrés Segovia, en la de Julian Beam y en la orquestal de Rafael Frübeck de Burgos. Pero finalmente me decidí por la de piano, su instrumento original, interpretado, además, por una especie de diosa: Alicia de Larrocha.

Una cosa que me ha llamado mucho la atención es que Albéniz incluyera Cuba entre las ocho localidades a las que dedica la Suite española. Pero se me hizo comprensible luego, al leer que La Habana en tiempos de Albéniz, era considerada la ciudad más próspera y desarrollada de España! ("El azúcar y el comercio influyeron notablemente en que durante los siglos XIX y XX la urbe experimentara no solo un profundo proceso de expansión de su territorio sino también de crecimiento demográfico, socio-económico y cultural, factores que convirtieron a La Habana en una de las ciudades más ricas y notorias de la zona de América Central y Caribe".  wikipedia).  Cuba se Emancipó de España en el año 1898. 

Desde muy niño escuché a Albéniz, De Falla, Rodrigo, Granados, Turina etc. 
Mi abuela fue la que se encargó de sembrar en mi el amor hacia ese tipo de música. Mucho tiempo después, lo que había sido sembrado en la infancia germinó, y finalmente despertó en mi la necesidad de saber más acerca de ello. 
Hay mucha información sobre Albéniz y su obra en internet, podrían llenarse muchos tomos, pero yo aquí he preferido sintetizar y atenerme a lo relacionado de forma mas inmediata con las obras que vamos a escuchar.
Espero conseguir que esta lectura les resulte amena e interesante.








1) Suite Iberia

La suite para piano Iberia, escrita por Isaac Albéniz, fue compuesta entre 1905 y 1909 (fecha de la muerte del compositor), y es quizás la más importante obra de la literatura pianística española, así como una de las cimas de la música para piano de todos los tiempos. De ella dijo Olivier Messiaen: “es la maravilla del piano, ocupa quizá el más alto puesto entre las más brillantes muestras del instrumento rey por excelencia”.


Estructura

Consta de cuatro cuadernos de tres piezas cada uno.

Cuaderno 1. Fue dado a conocer en la Sala Pleyel de París el 9 de mayo de 1906 por Blanche Selva, en versión simplificada. La misma pianista fue la encargada de estrenar el resto de la obra.



Evocación. Consta de cuatro partes que recuerdan vagamente la forma sonata: un primer tema en la bemol menor (con la indicación “allegretto espressivo”) seguido de un intermedio con ritmo de fandanguillo y un segundo tema en do bemol mayor. Continúa con reapariciones del intermedio, y de los dos temas (el segundo en la bemol mayor). Termina con un recuerdo al fandanguillo en pianísimo.



El Puerto. Es la pieza más corta de la colección. Hace referencia a El Puerto de Santa María (Cádiz). Comienza con una introducción que servirá como fórmula de acompañamiento de gran parte de la pieza. Le siguen el primer tema (con la indicación allegro comodo) y el segundo tema, en el que utiliza el mismo acompañamiento de la introducción pero con un matiz suave. El desarrollo viene indicado como "muy lánguido" y en él podemos encontrar influencias claras de Debussy tanto en la sutileza armónica como en el empleo de la escala por tonos.



El Corpus en Sevilla. Es la pieza más larga del primer cuaderno y a la vez la que entraña una mayor complejidad técnica en su ejecución. Cabe destacar a este respecto la escritura en tres pentagramas de algunos pasajes de la obra y las numerosas indicaciones de matices, expresión y fraseo que el compositor dejó plasmadas. La pieza comienza con una representación pianística de unos redobles de tambor a los que le sigue el primer tema, la marcha, con la indicación "allegro giocoso". Le sigue un segundo tema, la saeta, con un aire más tranquilo. Después de una transición de carácter flamenco llegamos a un desarrollo muy rico contrapuntística y rítmicamente hablando. Concluye la pieza con un nuevo tema muy calmado en pianísimo.



Cuaderno 2. Las tres piezas que componen este cuaderno se estrenaron en San Juan de Luz el 11 de septiembre de 1907.



Rondeña. Saltarina pieza que alterna ritmos 6/8 y 3/4, propios de la petenera. La sección central, a modo de copla, pone el contraste por su brillantez.



Almería. Extraña pieza llena de contrastes, con tonos melancólicos y alegres en alternancia, pasajes de poética ensoñación frente a otros de opulencia sonora y ritmo marcado. El final de esta pieza es bellísimo.



Triana. Una de las más divulgadas piezas de Albéniz. Evoca el barrio sevillano a través de una seguiriya bulliciosa y colorista, dentro de una estilización poética que no cae en el folclore tópico. Hay en toda la pieza una elegancia de fraseo y un señorío de la mejor ley.



Cuaderno 3. Se dio a conocer en París, en casa de la Princesa de Polignac, en 2 de enero de 1908. Está formada por "El Albaicín""El Polo" y "Lavapiés".



El Albaicín. Pieza inspirada en este barrio granadino que mantiene un extraordinario y original juego rítmico. Éste se mantiene a lo largo de toda la página, con infinitas facetas. Parece un cante jondo melancólico, unas veces misterioso y otras apasionado. Son de destacar el rítmico y originalísimo arranque de la pieza así como las numerosas referencias a arpegios y rasgueos característicos de la guitarra flamenca. La primera sección alterna una rica y viva colección de temas de resonancias flamencas con otro tema más pausado, misterioso y profundo, como el cantaor que desgrana su quejío con un ligero acompañamiento de fondo. La segunda sección, de gran contraste con la anterior, presenta un bellísimo tema de un lirismo apasionado, arrebatador. Finalmente, una tierna, casi amorosa reexposición del mismo tema remata la pieza de manera magistral. El Albaicin es considerada por muchos la obra maestra dentro de esa gran obra maestra que es Iberia.



El Polo. Esta pieza nos lleva a un ámbito mucho más sosegado que la anterior. Pese a que "El Polo" es un cante jondo de tendencias trágicas, Albéniz da una visión desenfada y voluptuosa, sobre todo en su segunda parte, de ecos ravelianos.



Lavapiés. Pieza que evoca el popular barrio madrileño mediante un curioso ritmo de habanera en el que se entremezcla, en una ensoñación señorial y levemente melancólica, el tono castizo y chulesco propio del organillo.





Cuaderno 4. Se estrenó el 9 de febrero de 1909 en París, en la Sociedad Nacional de Música.



Málaga. Nos encontramos con una extraordinaria dificultad rítmica que aumenta a medida que avanza la pieza. Se repiten reminiscencias de cante que se hacen más poderosas y que, tras un breve pasaje en piano, se rematan en dos contundentes acordes.

Jerez. Controlada en su apasionamiento, de la línea más cantabile -aunque con pasajes rítmicos endiablados-, es esta pieza señorial y refinada.




Eritaña. Una de las páginas más deslumbrantes del pianismo español. Sobre unas sevillanas a moto perpetuo, se trazan imágenes que alcanzan un ritmo arrollador. Estamos ante una apoteosis de la danza. Hay color, alegría y una complejidad para el pianista verdaderamente terrible. Debussy dijo de ella: "Nunca la música ha alcanzado expresiones tan diversas. Los ojos se cierran como fatigados de haber contemplado tantas imágenes.







2) Navarra



Es una breve obra inacabada de Albéniz, que su colega y amigo Déodat de Séverac se encargó de concluir después de su muerte.







3) Suite española Op. 47


La Suite española Op. 47 del compositor español Isaac Albéniz está compuesta principalmente de obras escritas en 1886 que se agruparon en 1887, en honor de la Reina de España. Como muchas de las obras para piano de Albéniz, estas piezas son cuadros de diferentes regiones y músicas de España. Esta obra se inscribe dentro de la corriente nacionalista relacionada con el Romanticismo. Albéniz estaba entonces bajo el influjo de Felipe Pedrell, quien lo apartó de la música de salón estética europeística y lo atrajo hacia el nacionalismo. Pero, por otro lado, el suyo es un nacionalismo pasado por el tamiz del refinamiento y la estilización.
Los títulos originales de la colección son cuatro: Granada (Serenata)Cataluña (Curranda)Sevilla (Sevillanas) y Cuba (Nocturno). Las demás piezas son: Cádiz (Saeta)Asturias (Leyenda)Aragón (Fantasía) y Castilla (Seguidillas) y se publicaron en ediciones posteriores, a menudo con títulos distintos. El editor Hofmeister publicó los ocho títulos de la Suite española en 1912, después de la muerte de Albéniz. Lo hizo tomando otras piezas (sueltas o pertenecientes a otras colecciones) para los cuatro títulos restantes, ya que esas piezas no reflejan muy exactamente la región geográfica a la que se refieren. Un caso muy claro es el de Asturias (Leyenda), cuyos ritmos de flamenco andaluz poco tienen que ver con la música de la región atlántica de Asturias.
En las obras que conforman la Suite española, el primer título hace referencia a la región que representan y el subtítulo entre paréntesis indica la forma musical de la pieza o la danza de la región retratada.


  1. Granada (Serenata)
  2. Cataluña (Curranda)
  3. Sevilla (Sevillanas)
  4. Cádiz (Saeta)
  5. Asturias (Leyenda)
  6. Aragón (Fantasía)
  7. Castilla (Seguidillas)
  8. Cuba (Nocturno)

El nocturno tiene el estilo de una habanera (Cuba formó parte de España hasta 1898). La fantasía de Aragón tiene forma de jota. Asturias (Leyenda) y Cádiz (Saeta) no son muy precisas en cuanto a la relación entre la pieza y la región. A pesar del carácter artificial de la Suite Española Op.47, con el tiempo se ha convertido en una de las obras de Albéniz para piano más interpretadas y conocidas tanto por pianistas como por el público.

Descripción


Granada: se trata de una serenata reposada y sensual en la que la mano izquierda presenta una rica melodía que constituye el tema principal. Un segundo tema, en modo menor, contrasta con su atmósfera melancólica y de misterio.

Cataluña: el manuscrito, conservado en el Conservatorio de Madrid, aparece fechado el 24 de marzo de 1886. Es una corranda, danza que se baila en corro con las manos de las mujeres sobre los hombros de los varones.

Sevilla: compuesta y estrenada esta pieza en Madrid en 1886, utiliza en ella Albéniz una sevillana, con su estilizado garbo y sabor popular y aristocrático. Tiene un intermedio, en forma de copla, presentado por ambas manos al unísono.

Cádiz: es una canción en la que escuchamos el rasgueo de la guitarra, encomendado a la mano izquierda, mientras que la derecha entona la canción en un diseño sencillo. La parte central, en modo menor, pone un punto de suave melancolía.

Asturias: es acaso la más conocida de todas las piezas de esta Suite. El autor la subtituló Leyenda. Pese a su adscripción a la región cantábrica, evoca una soleá de sabor hondo y andaluz, con una copla de sabor también andaluz.

Aragón: se recrea a modo de fantasía el ámbito de la jota aragonesa con su gran riqueza rítmica, que aparece a través de varios temas que desembocan en un final de espectacular virtuosismo.

Castilla: se trata de unas seguidillas, con su ritmo y su carácter que le son propios.

Cuba: el manuscrito de este capricho, fechado el 25 de mayo de 1886, se guarda en el Conservatorio de Madrid. Refleja esta pieza la estancia del compositor en Cuba en 1875, aún adolescente, y en 1881, cuando tenía veintiún años. Es una pieza rica y contrastada en ritmos, de atmósfera evocadora y sensual.



Fuente: wikipedia







Alicia de Larrocha

(Barcelona, 1923) Pianista española. Realizó estudios de piano con Frank Marshall, y de armonía con Ricardo Lamote de Grignon y Joaquín Zamacois. Ofreció su primer concierto a los cinco años, en la Exposición Universal de Barcelona, y a los doce debutó en Madrid con la Orquesta Sinfónica, dirigida por Arbós.
A partir de 1947 inició su carrera internacional con giras por Europa y Estados Unidos; en 1953 hace su presentación londinense y en 1955 su primera aparición norteamericana en Los Ángeles. En 1956 formó dúo con el cellista Gaspar Cassadó y en 1959 asumió la dirección de la Academia Marshall de Barcelona. En 1968 estuvo a punto de ver truncada su ya brillante carrera al lesionarse un dedo pulgar con la puerta de un taxi.
Considerada una de las primeras pianistas del mundo, especialmente en Estados Unidos, su colorido, elegancia y expresividad en la interpretación han sido reconocidos universalmente, lo que se ve reflejado en el hecho de que ofrezca más de un centenar de conciertos por año. Desde 1959 dirigió en Barcelona la Academia Marshall, creada por Enrique Granados.
Cuenta en su haber con numerosas distinciones españolas e internacionales, entre las que se encuentran el título de "Mejor artista del mundo" (1977), la medalla de Oro del Spanish Institute de Nueva York, el premio internacional de la Fundación Harriet Cohen (1960), la medalla de oro al Mérito de las Bellas Artes (1985) y el premio Nacional de Música, la Medalla de Oro al Mérito Artístico, que le otorgó el Ayuntamiento de Barcelona en 1980.
Su extensa discografía incluye, entre otras, las obras de Enrique Granados y el padre Soler, la integral de Iberia, de Isaac Albéniz -que le valió el premio Grammy de 1989 a la mejor solista instrumental de música clásica-, y las Noches en los jardines de España, de Falla, aunque no son menos importantes sus grabaciones del repertorio clásico, romántico e impresionista de la música europea.
Su intensa dedicación al legado de Granados culminó con una monumental edición de toda su producción pianística en una nueva edición revisada y dirigida por De Larrocha, con motivo del centenario de la fundación en 1901 de la Academia Granados, rebautizada como Academia Marshall por su continuador en 1920. Además de piezas inéditas, la integral del compositor leridano incluyó la primera catalogación sistemática de sus composiciones para piano. El 26 de enero de 2003 y en el Auditorio de Barcelona, la pianista catalana despidió su larga carrera profesional interpretando a Mozart (Concierto en la mayor K.488).
Fuente:  Biografíasyvidas       









Interpretar Albéniz: algunas sugerencias discográficas


Por José Ramón Ripoll


La interpretación de la obra de Isaac Albéniz no ha estado exenta de polémicas y controversias que, lejos de enturbiar el dinamismo de su escritura, enriquecen su universo expresivo. La dificultad que supone su interpretación no ha frenado el interés de los músicos que, a lo largo del siglo XX, se han acercado a sus páginas con más o menos fortuna: unos, tratando de convertirse en fieles transmisores de la técnica y estilo del autor, y otros, dispuestos a mostrarnos una peculiar visión subjetiva de la obra. Por otra parte, el hecho de que la producción de Albéniz pueda fragmentarse en piezas sueltas, logrando mantener su autonomía respecto a la obra a la que pertenecen, ha propiciado su presencia en los repertorios más variados y dispares. Entre versiones originales y arreglos para otros instrumentos, las grabaciones que hoy podemos encontrar en el mercado son incontables. Como mera introducción básica nos ceñiremos a aquellas que, por su calidad y personal aportación han contribuido a su mejor deleite.

Como muestra de rigor y fidelidad a la obra magna de Albéniz —Iberia— debemos comenzar este apresurado recuento por la interpretación de Esteban Sánchez que, fallecido en el mejor momento de su carrera, nos privó de una de nuestras más valiosas fortunas. Potente y ensoñadora al mismo tiempo, su interpretación se ajusta perfectamente al plantel expresivo de la partitura original, otorgándole a cada pieza la fuerza y el lirismo que se merecen (Ensayo, 1975). De absoluta referencia también son las dos grabaciones que de Iberia hiciera Alicia de Larrocha, en 1962 y 1986, para los sellos Hispavox —hoy comercializada por Emi y Decca respectivamente—. La más internacional de los pianistas españoles nos ofrece un Albéniz elegante, enjundioso y dotado de una precisa entidad rítmica, trazando casi un canon para los músicos venideros. En los dos trabajos se puede apreciar la evolución de nuestra artista, tanto en el manejo de la técnica como en su pensamiento musical.



De las versiones integrales de Iberia, no podemos dejar de mencionar la de Rafael Orozco, pianista de altos vuelos y prontamente desaparecido, llena de viveza y naturalidad, donde podemos apreciar toda la gama armónica de Albéniz como si estuviésemos ante un cristal transparente, desde donde todos los elementos se ven y oyen al mismo tiempo (Auvidis Valois, Londres, 1992). La catalana Rosa Sabater, víctima de un accidente aéreo en 1983, nos dejó una sutil e importante versión de los Cuatro Cuadernos. Delicada y severa a la vez, la sensibilidad de esta estupenda pianista nos invita a profundizar en la plasticidad de la obra (RCA, 1967). Especial atención requiere la del pianista vasco Ricardo Requejo, que realizara Claves en 1986 y que le valdría el prestigioso Diapasón de Oro del siguiente año. Se trata de una inteligente y personalísima versión, llena de matices poéticos y guiños contemporáneos que, de alguna manera, actualizan la lectura de nuestro compositor, en la que se incluye también Cantos de España.

Varias han sido las incursiones que Guillermo González ha hecho en la obra de Albéniz. En 1996 grabó en directo una salteadaversión de Iberia para RNE, y en 1997 lo hizo para la casa Naxos, así como dos magníficos registros de la Suite española número 2 y la Suite española, Op. 47.

Entre los pianistas que, a través de su mirada, han profundizado fragmentariamente en el mundo de nuestro autor citaremos al chileno Claudio Arrau, que nos dejó los dos primeros cuadernos de Iberia (Arlecchino, 1950), y la del gaditano José Cubiles, realizada diez años más tarde en Radio Nacional de España y recuperada por el sello RTVE en 1992. Las dos se caracterizan por su misterio evocador, respondiendo la primera a la técnica magistral de un artista en las puertas de su madurez, transparente y briosa, y la segunda a unas manos magistrales cultivadas en el repertorio español de la época. Como ejemplo reciente, mencionaremos el primer cuaderno de Iberia y las 12 Piezas características, Op. 92, de Miguel Baselga, joven pianista español que nos anuncia con este volumen nada menos que la recopilación de toda la obra pianística del maestro (Bis, 1999), y a Ana Vega Toscano, que con su creadora resonancia nos invita a escuchar la Rapsodia cubana, Op. 66, obra poco difundida e incluida en la monografía titulada El piano en el salón romántico (SEDEM,1999).

En una no muy lejana entrevista le preguntaron a Daniel Barenboim cuándo iba a decidirse a grabar Iberia. Su tajante respuesta fue que, tras muchísimos años de estudio y después de haber escuchado la impecable versión de Esteban Sánchez, poco le quedaba por decir. Sin embargo, nos acaba de sorprender con una soberbia y singular reflexión de los Cuadernos I y II (Teldec, 2001).

Conocedor de cada problema interpretativo, Barenboim nos invita a conocer un Albéniz contenido, sobrio y profundamente metafórico. Como director, ya en 1987 grabó al frente de la Orquesta de París (Ensayo) la conocida transcripción orquestal de algunas piezas de Iberia que en su momento hiciera Enrique Fernández Arbós en los años 1910 y 1917. Naturalmente hay que remitirse a la histórica versión original de nuestro arreglista con la Orquesta Sinfónica de Madrid, en los años 20 (Vaia), y que más tarde grabaran Ataúlfo Argenta y Erns Ansermet (Columbia y Decca).


El acontecimiento musical más relevante de la discografía musical española ha sido sin duda el rescate y grabación de Merlin, ópera en tres actos que nuestro compositor terminara en 1902, sobre un libreto escrito en inglés de Francis Burdett Money Coutts. El trabajo de revisión de los materiales se debe a José de Eusebio, quien al frente del Coro Nacional de España, el Coro de la Comunidad de Madrid, el Grupo Alfonso X el Sabio y la Orquesta Nacional, reúne a figuras como Carlos Álvarez, Plácido Domingo, Jane Henschel y Ana María Martínez (Decca, 2000).

Nombres como Blanca Uribe, Jesús López Cobos, Stokovski, Cristóbal Halffter, Andrés Segovia, Víctor Pablo Pérez, Fruehbeck de Burgos, Enrique Pérez de Guzmán o los hermanos Romero han iluminado la obra de Albéniz desde sus respectivos tratamientos, junto a meritorios trabajos imposibles de mencionar en esta breve nota simplemente orientativa.

Está en el laboratorio la reciente grabación de la obra para voz y piano, editada en España por Antón Cardó y Jacinto Torres. Esta interpretación, que lanzará en breve el sello Calando, corre a cargo del propio Antón Cardó al piano, y con las voces de Elena Gragera (mezzosoprano) y Francesc Garrigosa (tenor).

Fuente: Centro virtual Cervantes








 el Canario



No hay comentarios:

Publicar un comentario