martes, 2 de octubre de 2018

Robert Johnson y el diablo







Con la primera escena de la película "Encrucijada", basada en la vida del músico de blues Robert Johnson, e inspirandonos en su canción "Me and the Devil Blues", nos adentraremos en una de las más fascinantes leyendas del blues: la de un músico que vendió su alma al demonio... ¿o tal vez simplemente la de un hombre que nunca llegó a asimilar una gran pérdida?

Debo a Edwin Williams Orgaz Delgado y a Guillermo López Bernal el haber conocido esta historia que me atrapó desde el comienzo.  Gracias a los dos.







Son muchos los músicos de los que se ha dicho que  vendieron su alma al diablo a cambio de alcanzar la fama. Algunos, que inopinadamente, de la noche a la mañana, hacían gala de un carisma del que hasta entonces habían carecido,  y otros, que habiendo sido unos instrumentistas mediocres toda su vida, de repente se mostraban capaces de deslumbrar por su virtuosismo y su desbordante  creatividad.







En la larga lista de músicos que se han visto envueltos en esta leyenda, figuran Niccoló Paganini -de quien se dijo que  habría pactado con el príncipe de las tinieblas para llegar a ser un violinista excepcional-,  Bob Dylan, Jimi Hendrix, y muchos más.   

Otros, como Jimmy Page, de Led Zeppelin, y Alice Cooper, llegaron incluso a admitir abiertamente que habían realizado un pacto con el Maligno.

Finalmente, es sabido que el cantante Marilyn Manson es un miembro destacado de la iglesia satánica de Anton La Vey ( aunque a mi modo de ver, Lucifer no fue capaz de inspirarle ni siquiera una canción que valga la pena escuchar). 

Pero de todas estas historias, la que más poderosamente ha llamado mi atención es la del cantante y guitarrista de blues Robert Johnson.
  
                          


Robert Leroy Johnson nació en el estado de Mississipi en el año 1911, siendo el hijo número 11 de una familia de raza negra. Desde muy pequeño se sintió atraído por la música, hasta el punto de fugarse a menudo de la escuela para irse a tocar. En la adolescencia empezó a aprender guitarra, pero, a pesar de su ilusión y de su empeño,  nunca llegó a sobresalir como  guitarrista.  



En 1929 se casó con Virginia Travis, abriéndose para el una etapa llena de dicha que sin embargo duraría poco, pues su esposa falleció después de apenas un año de matrimonio. Esta pérdida hundió a Robert en la más profunda depresión, haciendo que se refugiara en su guitarra y en el blues.

Se dio a la vida de trotamundos, mujeriego y bebedor, tocando aquí y allá, por todo el sur de los EEUU, pero sin éxito, pués seguía siendo un pésimo guitarrista.


Hasta que ocurrió algo inexplicable: después de desaparecer misteriosamente durante varios meses, Robert regresó a los escenarios, pero esta vez tocando maravillosamente bien; estaba a la altura de los más destacados bluesmen de la época.

En su entorno, en un primer momento corrió el rumor de que lo que había ocurrido era un milagro. Pero pronto surgió la sospecha de que ese prodigio pudiera no ser obra de Dios, sino del demonio.


En efecto, se decía que Johnson tocaba y cantaba como si estuviera en un estado de trance, fuera de si, con la mirada fija, como poseído por un espíritu maligno. Que entre una canción y otra no se mostraba muy comunicativo y cuando terminaba su actuación solía desaparecer de forma repentina. Daba la impresión de estar huyendo continuamente.



La mayor parte de sus canciones hablan de su angustia espiritual; de Dios, del diablo. Un buen ejemplo es esa "Me and the Devil Blues" que pueden escuchar más arriba en la versión de Eric Clapton y en la del propio Johnson,  una canción que habla de su pretendido vinculo con el diablo.


Para mi, la explicación más lógica de su comportamiento asocial y escurridizo, de su mirada fija al tocar la guitarra, y de la pasión con la que era capaz de hacer vibrar al público, fue  la ya mencionada pena por la pérdida de su esposa: el blues, al igual que el cante hondo, es un género musical ideal para canalizar el dolor más visceral, y tal vez para Robert fuera algo parecido a una terapia.    

Sin embargo, para la gente todo aquello apestaba a azufre,  y  la leyenda del pacto entre el diablo y Johnson se terminó imponiendo.





Se cuenta que Robert Johnson, desesperado por sus escasas cualidades como músico, se dirigió una noche a un cruce de caminos, lugar propicio para el encuentro con lo invisible. Se trataba en concreto del cruce de la actual autopista 61 con la 49 en Clarksdale, Mississipi (en la foto más arriba se puede ver el monumento erigido en conmemoración de esta historia).  Robert esperó en medio del cruce de caminos hasta la medianoche, guitarra en mano, hasta que el diablo se le apareció.
    Lucifer tomó en sus manos la guitarra, y cuando por fin se la devolvió a Robert, este se dio cuenta de que sus dedos se deslizaban sobre las cuerdas de forma prodigiosa, sobrenatural. Sonaba como si estuviera tocando dos guitarras a la vez, no una sola.




A partir de ahí, la vida de Robert se desarrolló como ya les he contado: vagando de ciudad en ciudad, y llenando de asombro a cada público ante el cual se presentaba, por su virtuosismo y por la intensa pasión que transmitía con cada riff, con cada acorde, con cada inflexión de voz. Se decía que irradiaba algo mágico.


El sexo femenino seguiría siendo su mayor pasión después de la guitarra, y esa pasión fue la que le llevaría a la muerte:   parece ser que un marido despechado le envenenó echándole estricnina en el whisky. Robert falleció el 16 de agosto de 1938 a los 27 años,  casualmente en un cruce de caminos cerca de Greenwood, en Mississipi. 


        



Al leer la letra de la canción "Blues del cruce de caminos" (Crossroad Blues), no tengo la impresión de que Robert Johnson esté hablando con el diablo, sino con Dios: ¿se habrá cometido el mismo error que con Bob Dylan cuando este dijo que había hecho un pacto con el "Gran Jefe", al interpretar que ese Jefe fuera el diablo?


De Robert Johnson se conservan únicamente dos fotografías, y llegó a grabar apenas 29 canciones. Durante las sesiones de grabación, se sentaba de cara a la pared, dándole la espalda a los asistentes. Se llegó a decir que lo hacía para que no se le vieran los ojos de endemoniado, pero la explicación más verosímil, que es la que defienden varios músicos,  es que lo hacía por razones meramente acústicas. 






el Canario







4 comentarios:

  1. Muy bien canarito! excelente nota! me la llevo para el blog cabezón. Como andas vos? espero que todo marche sobre rieles y me alegro que este blog tenga tantas cosas interesantes! abrazos Canarito!!!!

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    1. Que bueno que te gustara Moe, me alegra de que lo hayas publicado en Cabezademoog, un gran honor para mi. Pues ya ves, me has inoculado el virus de investigar y escribir, y sigo infectado, jeje. Pasate más a menudo por aquí, estás en tu casa

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  2. Vengo desde Cabeza de Moog! para quedarme.
    Espectacular esta entrada. El film lo tengo que volver a ver.
    Alguna vez hice esto en mi blog, pero pasó completamente desapercibido

    https://frodorock.blogspot.com/2013/09/diez-covers-de-robert-johnson.html

    Interesante todo lo que veo por acá, sigo dando vueltas y cualquier cosa te aviso.
    Pero desde ya, te sigo.

    Abrazo!

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    1. Bienvenido Frodo! Pues no sabes que contento me pone que alguien me haga un comentario, y más si es tan positivo como el tuyo. Aquí mis seguidores son de pocas palabras...( si es que hay alguno, jajajajaj)

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