Cuando yo era pequeño, me vi rodeado de comics y tebeos, libros de ciencia ficción, etc. pues mi padre era un gran aficionado a todo aquello, aunque a mi, el comic que más me llamaba la attención fue una Divina Comedia de Dante en seis tomos, que estaba llena de ilustraciones de los maravillosos historietistas de la época: Botticelli, Giotto, Piero della Francesca...
Pero me atribuyo el mérito del descubrimiento de Blake y Mortimer, porque fui yo solito el que descubrió, en un quiosco de revistas, (y le pedí ipso facto a mi abuela que me lo comprara), este maravilloso Comic que hoy les presento: El misterio de la Gran Piramide.
Esta historieta es una creación del dibujante belga Edgar Jacobs (foto de portada), qien, por cierto, llegó a colaborar con Hergé, crreador de Tintin.
Veamos qué dice Nacho Ares (a quien agradezco encarecidamente la aportación), acerca de uno de los protagonistas de esta historia:
"Blake & Mortimer" es una serie de historietas creada por el escritor e historietista belga Edgar P. Jacobs. Apareció por primera vez en la revista Tintin el 5 de septiembre de 1946, y se publicó luego en formato de álbum por Les Éditions du Lombard. La serie sigue las aventuras de Philip Mortimer, un destacado científico británico, y su amigo el capitán Francis Blake, del MI5. El principal antagonista es su enemigo acérrimo, el coronel Olrik, que ha aparecido en casi todos los álbumes. Sus confrontaciones los llevan a los terrenos de la investigación detectivesca y de la ciencia ficción, abordando temas como los viajes en el tiempo, la Atlántida o el espionaje.
Blake y Mortimer, son dos caballeros solteros que comparten la misma residencia (de un modo semejante a Sherlock Holmes y el doctor Watson).
El capitán Francis Percy Blake, galés, oficial de Su Majestad, es un antiguo piloto de la Royal Air Force que llegó a ser director del servicio de seguridad británico MI5, el servicio de contrainteligencia británico. Es el epítome de la compostura británica, pareciendo frío y distante, en un control absoluto de sus reacciones. Combativo y persistente, y, a la vez, reflexivo y cauto, es también un maestro de los disfraces.
El profesor Philip Angus Mortimer, físico nuclear, de origen escocés y formado en la India, está considerado como uno de los científicos más eminentes del Reino Unido. También es arqueólogo aficionado, y es, en resumen, el arquetipo de intelectual británico. Pelirrojo y barbado, fumador de pipa, es jovial, travieso, imaginativo y gracioso. Su impulsividad puede llevarle a ignorar el peligro y meterse en problemas, y suele hacerle protagonizar las anécdotas cómicas. A pesar de que su nombre aparezca siempre en segundo lugar (tal vez por una cuestión de eufonía), es el verdadero protagonista de las historias.
Su principal antagonista es el coronel Olrik, que aparece en casi todos los álbumes de la serie. Lo hace por primera vez en calidad de jefe de inteligencia del dictador oriental Basam Damdu. Desde entonces ha sido mercenario, espía, contrabandista y en general un aventurero criminal. Hombre culto y de acción, no duda en utilizar cualquier artimaña para conseguir sus fines.
El misterio de la Gran Piramide se publicó, en su origen, en dos volúmenes:
El misterio de la Gran Pirámide, volumen 1: El papiro de Manetón (Le Mystère de la Grande Pyramide, Tome 1 ), del artista belga Edgar P. Jacobs. Fue el cuarto cómic de la serie Blake y Mortimer, publicado por primera vez en la revista Tintín del 23 de marzo de 1950 al 21 de febrero de 1951. Apareció en formato de libro en 1954 y posteriormente se reeditó en un solo volumen con la segunda parte en 2011.
El misterio de la Gran Pirámide, volumen 2: La cámara de Horus (Le Mystère de la Grande Pyramide, Tome 2), también del artista belga Edgar P. Jacobs. Fue el quinto cómic de la serie Blake y Mortimer , publicado originalmente en la revista Tintín. Apareció por primera vez en formato de libro en 1955, y posteriormente se reeditó en un solo volumen junto con la primera parte en 2011.
La trama, de género policíaco, tiene su desarrollo en Egipto, donde Mortimer y Blake van en busca de una camara secreta consagrada al dios egipcio Horus, que se hallaría en el corazón de la Gran Piramide, de conformidad con el papiro de Manetón.
El villano Olrik forma parte de una organización de traficantes de arte que opera en Egipto, y, mediante diversas intrigas, trata de hacerse con el tesoro que al parecer el Faraón Akenaton hizo esconder hace milenios en la Cámara de Horus.
Entre los muchos personajes que dan vida a este relato, hay uno que tiene una especial relevancia: es el Sheik Abdel Razek, quien en realidad es un iniciado en el culto solar a Atón, y pertenece al linaje sacerdotal del propio Akenaton.
Este sabio anciano, de actitud hierática y poderes sobrenaturales, impedirá que los modernos ladrones de tumbas, capitaneados por Olrik, lleven a cabo su pérfido objetivo de saquear el tesoro de Atón.
Tras la historia de acción en la que se ven envueltos nuestros protagonistas, subyace otra muy distinta, que se pierde en la noche de los tiempos, en la que un joven Faraón trata de imponer una nueva religión de carácter revolucionario y estrictamente monoteísta (el culto a Atón, el dios Sol) a un pueblo, el egipcio del siglo XIV A.C. que nunca llegaría a aceptarla del todo como verdadera, ni a asimilarla como suya.
Atón fue la deidad protagonista de la denominada "herejía de Amarna" de finales de la dinastía XVIII durante el período del Reino Nuevo. Su representación es el propio disco solar y trató de suplantar por un tiempo a Amón-Râ como dios supremo. El nombre Amón (que significa "El Oculto", "El Invisible" incluso para los dioses) se combinaba con el del dios solar, Râ, que representaba su aspecto de Creador, visible y dadivoso.
Durante su mandato, Akenatón impuso la creencia de que Atón era la única deidad, que debía ser adorada solo por él y su esposa, Nefertiti, mientras que el pueblo de Egipto debía rendirle culto a Akenatón y a su consorte como intermediarios de Atón.
Era, pues, un culto elitista, donde los miembros de la familia real tenían el monopolio de la relación directa con dios. De ese modo, le restaron muchísimas atribuciones a los sacerdotes de Amón, que, al parecer, hasta ese momento, habían sido muy poderosos e intocables.
El culto de Atón sólo duró unos veinte años. De hecho, apenas murió Akenaton, sus templos fueron desmantelados, y se regresó, paulatinamente, de la mano del Faraón Tutankamon, a la vieja religión, con más fervor, incluso, que antes de que se impusiera la herejía.
La imagen más común que se tiene de Akenaton, es la del idealista, precursor de una nueva religión demasiado avanzada para ser abrazada por una humanidad primitiva y de mente estrecha, pero...
¿Fue, Akenaton realmente así, o fue tan solo un iluso, un egolatra que al no haber comprendido el simbolismo de la antigua religión, quiso imponerle a su pueblo un culto que le excluía definitivamente de la experiencia personal y directa de lo divino?
Terminaré con un par de datos curiosos. El primero gira en torno a una cita de Dom Pernety ("Fábulas egipcias y griegas") acerca de Amón:
"Hemos dicho que Osiris e Isis eran
símbolo de la materia del arte hermético, que el uno representaba el fuego de
la naturaleza, el principio ígneo y generativo, el macho y el agente y que el
otro o Isis significaba el húmedo radical, la tierra o la matriz y la sede de
este fuego, el principio pasivo o la hembra y que los dos sólo formaban un
mismo sujeto compuesto de estas dos substancias. Osiris era el mismo que
Serapis o Amún, que algunos dicen Amón y Ammón, representado por una cabeza de
carnero o con cuernos de carnero, porque este animal, según los autores citados
por Kircher, es de una naturaleza cálida y húmeda. Se veía a Isis con una
cabeza de toro, porque era tomada por la Luna, cuyo creciente es representado
por los cuernos de este animal y que además es pesado y terrestre."
Añadiré que otro atributo de Amón es de tener la piel de color azul, color que el hermetismo relaciona con el aire... ¿Tendrá esto relación con el Alkahest de los alquimistas, o el prana de los hindúes? Su cabeza de carnero le vincula con el signo de Aries... que por varias razones es fundamental en la Gran Obra Alquimica.
Para terminar... ¿Sabían que, según el filósofo Baruch Spinoza, entre otros, la palabra amén con la que terminan las oraciones cristianas y judías, no es otra cosa que una modificación, una variante del nombre Amón?
Les saluda, dejandoles el enlace del video de El misterio de la Gran Piramide I (está en inglés).
Juan Carlos





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