viernes, 9 de junio de 2017

Paul Horn: Un flautista en la Gran Pirámide


Después de Tales from Topographic Oceans, álbum que guarda una sutil relación con las pirámides, voy a seguir hablando de esas misteriosas edificaciones. Esta vez oiremos cómo suena una flauta dentro de la mismísima Gran Pirámide egipcia de Guiza (también llamada pirámide de Keops). Lo haremos de la mano de Paul Horn, talentoso flautista de jazz fascinado por lo misterioso y lo inexplicable.
Fue la primera grabación llevada a cabo en la Gran Pirámide, en el interior de la Cámara del Rey, que se encuentra justo en el corazón de esa inmensa mole de piedra. 




Artista: Paul Horn
Álbum: Inside the Great Pyramid
Año: 1976
Género: New Age 
Duración: 1:23:13
Nacionalidad: EEUU



Lista de Temas:
CD 1
1. Invocation
2-8. Initiation - Psalm 1-7
9-14. Meditation - Psalm 1-6
15-20. Enlightenment - Psalm 1-6
CD 2
1-8. Fulfillment - Psalm 1-8
9-14. Resurrection -Psalm 1-6
15-20. Eternity - Psalm 1-6



Alineación:
Paul Horn / flauta, voz






Imaginen a  alguien que nunca ha visto un tambor en su vida  ni nunca ha oído hablar de el, y al contemplar uno por primera vez,  se fijara en su decoración, colores, materiales, etc. pero no se diera cuenta de que el espacio vacío que alberga en su interior  es una caja de resonancia destinada a amplificar el sonido que se produce al percutir su membrana. 
Eso es lo que probablemente le ha estado pasando a la arqueología durante siglos.
Al estudiar las pinturas rupestres, las pirámides, templos y monumentos megaliticos, tal vez no tuvo en cuenta lo más importante: su acústica, prestando atención únicamente a sus características visuales. 

Eso, al menos, es lo que sugiere una disciplina científica de aparición reciente llamada Arqueoacústica. Aunque los primeros estudios de Arqueoacústica empezaron a desarrollarse a finales de los años '60, sería en los '80 y '90 que ésta empezaría a estar en auge.
En el número 5 de la revista de Arqueología profesional, La Linde, publicado en 2015, encontramos esta definición:

"La Arqueoacústica es la disciplina dentro de la Arqueología Musical que, uniendo Arqueología y Acústica, estudia la acústica del hecho arqueológico para poder reconstruir parte del paisaje sonoro-musical del pasado."

Nos dice esta ciencia en ciernes, que en la arquitectura sagrada, no es casualidad que los lugares escogidos para ser decorados con pinturas, frescos, estatuas, etc.  sean a la vez aquellos que reúnen  las propiedades acústicas más peculiares, tales como reverberación, eco, distorsión, etc. 
Según esta teoría, los sacerdotes y chamanes de la antiguedad, en los procesos de iniciación, utilizaban toda clase de ardides para  conducir  al neófito al borde de una drástica transformación interior; a ese efecto, se servían de la música, del teatro, la pintura, la coreografía y finalmente, de la acústica.

Las cuevas de Altamira, La pirámide de Chichen Itza, y algunos monumentos megalíticos de Stonehenge, por poner algunos ejemplos, eran lugares iniciaticos que tendrían, entre otras cosas, unas cualidades acústicas excepcionales.








Paul Horn es un pionero de la Arqueoacústica. Saxófonista y flautista de jazz estadounidense con una prometedora  carrera como miembro de distintas bandas de la costa oeste, da, en 1967, un giro de 180° en su vida, después de realizar varios viajes a la India. Se trata de uno de esos acontecimientos que marcan  un "antes" y un "después"  en la historia de una persona o de un pueblo. Debió de ser algo muy fuerte porque incluso cambió radicalmente su manera de hacer música.








A partir de ahí empezó a experimentar con la música clásica, étnica y  Nueva Era, por llamarla de algún modo; una música con la que, en pocas palabras,  se pretendería inducir determinados estados mentales que harían posible que en la persona  se produzca la experiencia transpersonal.





                              en el interior de la Gran Piramide



Después de grabarse a sí mismo tocando en el interior del Taj Mahal, y más tarde dándole conciertos a los delfines,  Horn finalmente obtiene la autorización para pasar una noche en el interior de la Gran Pirámide. Más exactamente en la Cámara del Rey, una inmensa sala ocupada en su centro por un gran sarcófago vacío.








¿Qué es lo que quería experimentar el flautista neoyorquino haciendo eso? Se decía que las cualidades acústicas del interior de la pirámide, sobre todo en algunos enclaves estrategicos, eran muy especiales. Y en efecto, Horn tuvo la oportunidad de comprobarlo.
Les transcribo un fragmento de otro blog que lo explica impecablemente:



"Paul Horn, con mucho instinto, se pone el traje de arqueólogo y se adentra en la Cámara del Rey de la Gran Pirámide, pertrechado con su flauta dulce alto, su flauta en do, su pequeño flautín, su mismísima voz y un equipo de grabación compuesto por una grabadora Nagra Stereo, un micrófono Studer Stereo y un Ampex 407. La estancia, una cámara rectangular de 10´481 metros de largo, 5´235 y 5´858 de alto, en la que el eco tarda 8 segundos en disolverse. En el centro,el ¿sarcófago del faraón?. Todo estaba preparado. En un primer momento, el ingeniero de sonido David Greene , entraría con Horn en la pirámide, pero una serie de acontecimientos hicieron cambiar de opinión a nuestro músico. Paul Horn, una vez llegado a El Cairo, se establece en su hotel y comienza a contactar con diversos músicos locales, que al conocer su intención de grabar en la pirámide comienzan a relatarle historias y leyendas diversas… como la de aquel mauritano que se adentró en el gran monumento con la certeza de conocer el gran secreto que la Pirámide encerraba, pero que nunca volvió a ver la luz del sol. Pero a Horn, no le impresionaron los cuentos para niños y supersticiones populares que le contaron, lo que le llamó verdaderamente la atención, fue la información que un experto en pirámides le confió: si golpeaba el sarcófago del rey, la frecuencia de vibración se situaba en los 438Hz en lugar de los 440 Hz – frecuencia habitual de cualquier instrumento musical – . Esta información cautivó al flautista, y fue la causante de que Horn decidiera adentrarse en la Gran Pirámide en solitario. Una vez dentro, pudo comprobar de primera mano esta información, además de percatarse de que el eco de una nota musical se unía con el inicio de la siguiente nota ejecutada, creándose otros acordes y notas. Horn dice que la música comenzó a fluir de su interior casi sin quererlo, sintiendo fuerzas y presencias que interactuaban con él y con la misma música." 



Juanma Castro Medina, para Zona de Jazz , 2014





La edición del álbum de 1976 solo tenía los primeros 20 temas de la lista que puse en el encabezado. Los restantes movimientos (Fullfillment, Resurrection y Eternity), fueron añadidos en ediciones posteriores. Estos últimos constan de grabaciones  realizadas en las pirámides de Micerino y Kephren.







                    portada de la primera edición


Ya ven que nuestro flautista se adelantó a muchos arqueólogos. Por supuesto, a partir de esta experiencia, la hipótesis según la cual tanto la pirámide como otras construcciones de arquitectura sagrada, habrían sido diseñadas intencionalmente con una determinada configuración acústica, obedeciendo a una finalidad ritual de carácter iniciatico, cobró más fuerza. 

Y tal vez eso es con lo que estaba queriendo experimentar Paul Horn, principalmente: ver por si mismo qué  efectos psicofísicos le producirían  las vibraciones de su propia música en  esos santuarios que habrían sido diseñados para transformar la conciencia, y elevarla a un nivel superior.



el Canario



No hay comentarios:

Publicar un comentario