martes, 11 de septiembre de 2018

Alison Balsom, el fastuoso encanto de la trompeta




Es una gran estrella. Tiene todo lo que hace falta para triunfar: talento, belleza, encanto, valor y un gran olfato para el marketing. En la actualidad, está considerada como una de las mejores trompetas solistas de música clásica. Su precisión,  su sonido diáfano y rotundo, la fuerza y el carácter que imprime a cada pieza que ejecuta nos demuestran su genio y su grandeza. Aunque la escucháramos sin verla, diríamos que irradia belleza al estado puro. Es ella. Es Alison Balsom.







Hasta mediados de siglo pasado, la presencia de la mujer en la música clásica fue casi nula. Se dotaba a las señoritas de las familias "bien" de una educación musical que iba a engrosar su ajuar de esposas, además de un barniz de cultura general y, eso si,  de una solida capacitación en cocina, costura y otras labores domésticas.

En calidad de instrumentistas, ellas podían interpretar pequeñas obras de salón en sus hogares para entretener a los invitados... pero las mujeres músico, las que se dedican profesionalmente a este bello  arte, fueron una especie muy rara hasta un tiempo relativamente reciente.
Todavía en la década de los setenta del siglo pasado, cuando Herbert von Karajan quiso contratar a la clarinetista Sabine Meyer para la filarmónica de Berlín, los miembros de dicha orquesta se opusieron con vehemencia.
Como compositoras, las mujeres se veían obligadas a ocultarse bajo seudónimos o tras la identidad de un autor masculino.
Clara Wieck, la esposa de Schumann, por ejemplo, compuso buena parte de la obra firmada por su marido, como  el mismo reconocería años más tarde. 

Tradicionalmente la mujer siempre tuvo como cometido prioritario el de cuidar de  su esposo y de sus hijos, y dedicarse a las tareas del hogar.

Maria Anna Mozart,  fue una niña prodigio al igual que su hermano, tenía una amplia cultura musical, tocaba el piano y componía, pero su padre le impidió dedicarse a la composición.

Alma, la esposa de Gustav Mahler, era una pianista y compositora de gran talento, pero tuvo que abandonar toda actividad creativa para dedicarse a las tareas del hogar, por exigencia de su propio consorte.

En cuanto a la dirección de orquesta, no fue sino a comienzos del siglo XX que una mujer tomara por primera vez una batuta en sus manos.


   



En el año 1686 el Papa Inocencio XI declaraba: "La música es totalmente dañina para la modestia que corresponde al sexo femenino, porque las mujeres se distraen de las funciones y las ocupaciones que les corresponden… Ninguna mujer, bajo ningún pretexto, debe aprender música o tocar ningún tipo de instrumento."

Afortunadamente,  ese no era más que el criterio personal del pontífice, y no un dogma de fe. Sin embargo, es una buena muestra de aquella manera de pensar tan arraigada en la conciencia colectiva, que logró impedir hasta tiempos bastante recientes que la mujer se abriera paso en la carrera musical.


Las nuevas estrellas

Incluso en la actualidad, a pesar de que en los conservatorios el alumnado de sexo femenino suele ser abrumadoramente mayoritario,  casi todos los directores de orquesta, compositores e intérpretes que alcanzan fama y reconocimiento son varones. 

Sin embargo, también es cierto que a partir de las últimas décadas del siglo XX  ha ido en aumento el número de mujeres que ocupan puestos preeminentes dentro del exigente mundo de la música clásica.



En contraste con la escasísima presencia de la mujer en la música durante la antigüedad, a finales del siglo XX empezaron a proliferar las "instrumentistas estrella" que conjugaban un elevado virtuosismo y un estilo personal de interpretar a los clásicos,  con una presencia atractiva y una personalidad seductora.


                                                       




Es el caso de Alison Balsom, la grandiosa trompetista británica de la que nos ocuparemos a continuación
Alison, que nace en una localidad de Gran Bretaña próxima a Londres, en el año 1978,  es considerada una de los mejores trompetas solistas de la actualidad.

De niña se sintió hechizada por la música del trompetista Dizzy Gillespie. Desde entonces no dejaría de escuchar jazz, y recientemente confesó ser una gran admiradora de Wynton Marsalis. Sin embargo como intérprete siempre siguió fiel a su formación clásica, y en una entrevista reconoció ser incapaz de tocar sin guiarse por una partitura.
Alison cuenta que fue a la edad de 7 años cuando se sintió por primera vez fascinada por la trompeta. La atrajo  por su aspecto brillante, reluciente.
Esa pasión por lo que resplandece tendrá que ver  seguramente con la propia personalidad de Alison: vistosa,  segura de si misma, deslumbrante. Según ella un trompeta solista es necesariamente un exhibicionista: tocar la trompeta implica arriesgarse, exponerse. Es un instrumento difícil, exigente, requiere un duro entrenamiento y un carácter resuelto y algo histriónico: la probabilidad de error es alta, y sólo quien disfruta siendo el centro de la atención asume con alegría ese riesgo.
Alison también cree que el trompetista debe ser extrovertido:


"Creo que tienes que ser bastante extrovertido para tocar la trompeta, porque no la puedes tocar a medias. No te puedes esconder, el instrumento es el protagonista. Es fabuloso, tiene un sonido estupendo y se necesita mucha fuerza física para tocar la trompeta”.





En música clásica no existen muchas piezas que incluyan un solo de trompeta. Esto es debido a que hasta el siglo XIX este metal no tuvo válvulas, por lo que no se podía reproducir con él toda la escala musical. Las posibilidades de la trompeta como instrumento solista eran entonces muy limitadas, por este motivo, no existen conciertos para trompeta compuestos por Beethoven o Mozart. Esa trompeta primitiva se denomina "Trompeta Natural".

Por eso, Alison, suele adaptar para los diferentes tipos de trompeta moderna, piezas que fueron compuestas para otros instrumentos.
Y es que actualmente existe una amplia familia de trompetas:
La trompeta en do o en si bemol, la trompeta Piccolo, la trompeta de llaves, etc. 





Un buen trompetista debe de ser capaz de cambiar de una trompeta en si bemol a un flugelhorn, y de este a una trompeta piccolo, cada una de ellas con una distinta afinación, embocadura, presión de aire, etc.

Debe tener una gran capacidad pulmonar: hay piezas y conciertos que ponen a dura prueba el aparato respiratorio, llevándolo hasta el límite.

Según afirma el compositor Tom Poster:
"Escribir para trompeta comporta muchos retos, porque hay que tener el cuenta la naturaleza del instrumento. El trompetista no puede tocar durante horas porque se cansa mucho, así que hay que estructurar la música con cuidado".





Una depurada técnica unida a un carácter  vital y enérgico,  tendrán como resultado ataques precisos, un legato claro y expresivo, articulaciones de gran nitidez  y un sonido potente y redondo.

La trompetista Alison Balsom reúne en su persona, a mi juicio, todas las cualidades mencionadas, además de ser poseedora de una gran hermosura y del encanto, la gracia y la elegancia de una diva.






                    Juan Carlos







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